Etnicidad y discipulado
Mi interacción con ciertos líderes cristianos en Nigeria, Europa del Este e India en los últimos años me ha llevado a reflexionar sobre el tema de la raza y la etnicidad. Cuando escucho las anécdotas de los ministros cristianos que trabajan en lugares caracterizados por la diversidad, me pregunto cómo articular la reconciliación racial y la pacificación inter-étnica con el concepto de “hacer discípulos”. Creemos firmemente que Jesucristo nos comisionó a hacer discípulos de “todas las etnias” pero tal parece que no estamos conscientes de las implicaciones de ser discípulo en nuestra percepción de los “otros”, especialmente si un creyente viene de un contexto etnocéntrico. ¿Cómo conciliamos el concepto de etnicidad con el hecho de ser discípulo de Jesucristo?
La historia y las noticias nos recuerdan a diario la tensión entre los dos conceptos, sea que se hable de un incidente de tipo racial donde intervino la policía de Cambridge, Massachusetts, o del estudio del genocidio en Ruanda y Burundi en la década de los noventa.
Si deseamos aportar con el culto de adoración multicultural y multiétnico de gente reconciliada con Dios y con los demás que describe el apóstol Juan1, debemos considerar las siguientes preguntas:
¿Hasta qué punto la tarea de hacer discípulos tiene que lidiar con la historia? En un viaje a Bosnia, nuestro anfitrión nos explicó que la agresión de los serbios hacia los musulmanes en 1989 se relaciona con un evento del año 1389. El sexcéntecimo (600º) aniversario de tal evento despertó el nacionalismo serbio. Cuando escuchaba estos detalles, pensé: “¿cómo puede alguien de Estados Unidos, cuya historia es casi la tercera parte de la historia serbia, enseñarle a un serbio a seguir a Jesucristo y amar a aquellos que históricamente le han enseñado a odiar? ¿De qué forma el discipulado cristiano ayuda a la gente a lidiar con ‘los escombros del pasado histórico de su país’ ”?2
Quienes provenimos de la cultura angloamericana no pensamos a menudo en el pasado; los blancos rara vez tratamos el perenne tema de la esclavitud, el racismo o la “limpieza étnica” de los pueblos aborígenes que sucedió siglos atrás. Hasta que no lidiemos mentalmente con nuestras historias personales y colectivas, no sabremos cómo abordar las hostilidades históricas que encontramos en otras partes del mundo.
La historia puede motivarnos a asumir una mayor determinación para predicar la reconciliación. A la luz del progreso estupendo del pentecostalismo en el mundo, a menudo les recuerdo a los líderes sus enseñanzas acerca de las “señales” del Espíritu Santo. William Seymour, figura clave del avivamiento de la Calle Azusa que propició el movimiento pentecostal moderno, “creía que la señal más real de la presencia del Espíritu Santo no era hablar en lenguas sino la desaparición total de las barreras raciales entre los cristianos”.3
¿Qué significa ser “una nueva persona” (Efesios 2)? En el fundamento teológico de la relación incierta entre la tarea de hacer discípulos y la etnicidad se encuentra este pasaje de Efesios donde Pablo describe a la iglesia como el lugar donde Dios hace un “nuevo hombre” a partir de dos personas de diferentes etnias. Quizá tenemos personas “convertidas parcialmente” que llegan a ser miembros salvos de su grupo étnico pero nunca llegan al punto de convertirse en algo totalmente nuevo, al punto de ver a quienes son diferentes como miembros copartícipes de la familia de Dios.
El comentario de William Barclay acerca de este pasaje aclara la idea de “nuevo”:
“La palabra que Pablo usa aquí es kainos, es decir, Jesús junta al judío y al gentil y de los dos produce una nueva clase de persona. Esto es muy interesante y significativo: no es que Jesús convierte a todos los judíos en gentiles o a todos los gentiles en judíos. [Dios] produce una nueva clase de persona de ambos, aún cuando siguen siendo gentiles y judíos. El famoso predicador de la iglesia primitiva, Crisóstomo, dice que es como si alguien fundiera una estatua de plata y una estatua de plomo, y de las dos resultara oro”.
¿Cómo sería esta nueva persona?
¿Cuál es el papel del recuerdo y el olvido? En Mostar, Herzegovina, existe un letrero del lado musulmán de la ciudad que dice: “No olvidemos”. Los musulmanes mayores no quieren que los jóvenes olviden las atrocidades que los serbios ortodoxos y posteriormente los croatas católicos, perpetraron en su contra. Pero si no hay perdón y olvido, la paz entre los pueblos, en el mejor de los casos, será provisional. Como lo dijo un escritor, más que paz será “odio dormido”.
Miroslav Volf, croata que sufrió en carne propia el ataque serbio, habla del papel que juega el recuerdo en el proceso de perdonar y avanzar. Él ilustra la meta que perseguimos con la historia de José del Antiguo Testamento. Volf dice:
“En la famosa historia del libro de Génesis, José estaba preparado para emprender la ruta espinosa de la reconciliación con sus hermanos que le vendieron como esclavo, porque ‘Dios me hizo olvidar todos mis sufrimientos, y a toda la casa de mi padre’ (41.51). Antes de llegar a su fin, la ruta de la reconciliación le significó muchos recuerdos. José tuvo que rememorar el sufrimiento que le causaron sus hermanos y de forma sutil pero poderosa, también les hizo recordar a ellos el evento (42.21-23; 44.27 en adelante). No obstante, así como la luz distante del hogar, el don divino del olvido de aquello que todavía recordaba (‘‘memoria de fondo” sería el término correcto), le guió en su ruta de regreso. Como queriendo asegurarse que este don preciado no se pierda ni en él ni la posteridad, José lo inscribió en el nombre de su hijo Manasés, ‘el que hace olvidar’. Como un recuerdo paradójico del olvido (¿cómo se puede recordar que se debe perdonar sin recordar lo que se debe olvidar?), la presencia de Manasés le traía a la memoria el sufrimiento a fin de recordarle el olvido. Este extraño olvido, combinado con recuerdos indispensables, logró que José, la víctima, pueda acoger a sus hermanos, los perpetradores (45.14-15). Este extraño olvido se convirtió en la salvación de sus hermanos y de él mismo (46.1 en adelante).4
Paul Borthwick es miembro de Asociados Internacionales por el Desarrollo, un grupo de capacitación especializado en el desarrollo del carácter y ministerio de los líderes de las regiones del mundo con escasos recursos. Borthwich enseña misiones en Gordon College y es miembro de Urbana/Misiones en InterVarsity Christian Fellowship (Comunidad Cristiana Universitaria).
Notas:
1. Apocalipsis 5.9 y 7.9
2. Donald Schriver, An Ethic For Enemies, p. 7. (Ética para los enemigos)
3. Cita ubicada en Stephen A. Rhodes, Where the Nations Meet: The Church in a Multicultural World, p. 75 (Encuentro de naciones: la iglesia en un mundo multicultural) e incluida en Fire From Heaven (Fuego del Cielo) de Harvey Cox, p. 63.
4. Miroslav Volf, Exclusion and Embrace: A Theological Exploration of Identity, Oneness, and Reconciliation (Exclusión y acogida: análisis teológico de la identidad, unicidad y reconciliación). Nashville: Abingdon, 1996, p. 139.
